Epístola a los inmóviles: De la “lucha” anclada y otros discursos caducos x Gustavo Rodríguez

Epístola a los inmóviles:

De la “lucha” anclada y  otros discursos caducos

–Respuesta, en voz alta, a la declaración pública de la Conferencia Nacional de la Federación Anarquista Italiana (F.A.I.).[1]

Poner pie en la playa virgen, agitar lo maravilloso que duerme, sentir el soplo de lo desconocido, el estremecimiento de una forma nueva: he aquí lo necesario. Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale deformar que repetir. Antes destruir que copiar. Vengan los monstruos si son jóvenes. El mal es lo que vamos dejando a nuestras espaldas. La belleza es el misterio que nace.
Rafael Barret
 

 A propósito de imbecillis y otras ignominias recurrentes

Tal vez, haciendo gala del más rancio academicismo, su gran acervo cultural y su ilustrada noción lingüística, los firmantes de tamaña declaración pública, recurren  al vocablo “Imbecillis” con la intención de «llamar las cosas por su nombre», en un alarde de erudición etimológica sin precedentes en nuestras tiendas. Dada la etimología latina del término es muy probable que este sea el caso. De ser así, de antemano declaro improcedente esta respuesta y reconozco mi ineptitud ante la incuestionable capacidad semántica de los redactores de tal declaratoria.

Pese a la incertidumbre que aún genera la raíz real de este adjetivo, hoy no nos cabe duda que Imbecillis proviene de Imbecillus, palabra compuesta a partir del prefijo “in” o “im” (sin) –negativo, muy socorrido para crear adjetivos calificativos en latín, generalmente peyorativos, exaltando carencias (insanus, imbellis, imberbis, impar, informe, incapaz, invertebrado, etc.)–  y el vocablo bacillus (bastoncillo o bastón pequeño); por lo que en la etimología popular habitualmente se asocia el término Imbecillus con Im-bacillus o sine bacillus (sin bastoncillo) o Im-baculum o sine baculum (sin bastón), describiendo a aquella persona carente de sostén o soporte pese a la inminente falta o necesidad de apoyo para poder lograr un andar “normal”, de lo que se deduce una “incapacidad” o “debilidad” que le convierte en “minusválido” al “depender de los demás para poder moverse”. Este sería el uso que corrientemente le dieran  los romano parlantes y que explica su actual significado, fundamentado en el valor que se le asignara al vocablo “imbécil” en el francés del siglo XVII, quedando registrada la acepción de «débil mental» e incluso, se incorporaría el término al vocabulario clínico especificando su aplicación a «los débiles mentales cuyo desarrollo mental es el correspondiente a la edad comprendida entre los tres y los siete años[1]»; de tal modo, se emplearía despectivamente hacia las personas de poca inteligencia como sinónimo de «bobo, estúpido, idiota o tonto»[2].

Imbecillus, también despliega otra acepción mucho menos conocida partiendo de su asociación etimológica. Tanto el vocablo baculus (bastón) como su diminutivo (bacillus), no estaba imperiosamente relacionado en la antigua Roma a la necesidad de “apoyo” por incapacidad o debilidad. El bastón o bastoncillo simbolizaba también “bastón de mando”, cetro (del latín sceptrum, del griego skêptron) o báculo (del latín, bacûlum), que constituye una insignia de los emperadores, reyes, obispos, arzobispos y otros hombres de Poder; símbolo de autoridad (auctoritas) adquirida por “herencia divina”, poder, sensatez o experiencia. De lo que se desprende el uso del vocablo Imbecillis en el latín clásico como sinónimo de Intrepîdus (intrépido) o “irreflexivo”, “joven carente de vivencias”, “sin experiencia” o “sin autoridad”. Imbecilla aetas (edad débil/edad imbécil) es la expresión con que se describe la frescura y la intrepidez de la adolescencia y la juventud.

Por eso, mi superlativa sorpresa, al intuir la inminente sapiencia de estos insignes letrados –hijos adoptivos de la Acracia–, que tan atinadamente recurrían a esta acepción clásica para representar un anarquismo nuevo, cargado de arrojo y lozanía, que opta por el descubrimiento en lugar de la monotonía; que escoge deformar en vez de repetir; que prefiere destruir que copiar; que vive y no agoniza en letra muerta.

¡Pero NO! Estos “anarquistas” federados, recurren al vocablo imbecillis asignándole el valor de la acepción popular para referirse despectivamente a medio centenar de compañeros ANARQUISTAS presos en las oscuras mazmorras de varias prisiones italianas y a un nutrido grupo de compañeros encarcelados alrededor del mundo, condenados por darle vida a la Anarquía en Alemania, Bolivia, Chile, Estado español, Francia, Grecia, México, Suiza y otras regiones geográficas. De paso, descalifican también a todos aquellos compañeros que cotidianamente, con su irreductible accionar, confirman que la Anarquía es verbo y no sustantivo.

Bobos, estúpidos, idiotas, tontos e imbéciles, son los trillados adjetivos para designar a los indómitos de siempre que osan llevar a la práctica nuestra teoría.  “Ilegalistas”; “Provocadores”; “Infiltrados”; “Delincuentes”, “Superhéroes de caricatura”, también son los epítetos más recurrentes para descalificar a los refractarios que ponen énfasis en la correspondencia eufónica entre teoría y práctica, entre ideas y acción.

El victimismo, es otro de los más frecuentes  posicionamientos de la Federación Anarquista Italiana, insistiendo –hasta el cansancio ajeno– en que el accionar anárquico de los grupos informales «es funcional» para los intentos del sistema de dominación de involucrar a «todo el movimiento anarquista en un proceso de criminalización general […] embistiendo fuertemente a la Federación Anarquista Italiana»[3].

Sería interesante que nos proporcionaran la cifra de sus federados presos y nos compartieran –sólo como dato curioso– los detalles de esos “embates” que pretendidamente han sufrido, porque lo que sí nos queda en claro es el temor que les provoca que se ponga al descubierto su profunda vocación inmovilista, su conocida propensión a la ficción y la grandilocuencia discursiva que les caracteriza.

Todavía son tan cínicos que, alimentando la farsa de un complot “provocador”, se dan por ofendidos ante una propaganda “perversa” que «sostiene que gran parte del movimiento anarquista es simplemente un “anarquismo ideológico y cínico, vacío de cualquier aliento de vida […] que trabaja por el fortalecimiento de la democracia”»[4]. Y yo les pregunto a estos “anarquistas” federados ¿Acaso mienten los compañeros del núcleo “Olga”, cuando afirman lo anterior? Considero que no. Más bien, si de algo pecan estos compas es de omisión, reduciendo a unas cuantas líneas la larga lista de agravios perpetuados por esta “Federación Anarquista” enemiga de la Anarquía.

La Federazione Anarchica Italiana (F.A.I.) –la clásica y más antigua organización del anarquismo especificista[5] en la región–, como ya es costumbre desde el siglo pasado, vuelve a culpar de la feroz represión del Estado y de las obscenas maniobras de los medios de alienación masiva a los compañeros consecuentes con la praxis anárquica. Por si fuera poco, además se les incrimina por complicidad con la «oligarquía en el poder […] con el claro objetivo de lograr la unidad de todas las partes en defensa del Estado»[6]; emprendiendo una nueva campaña de tergiversación y confusión, acusando de prosélitos de la «lucha armada» a nuestros compañeros.

De más está entrar en distinciones, repitiendo por enésima ocasión las diferencias teórico-prácticas entre «lucha armada» y «vía armada». O exponer una vez más nuestra crítica puntual al culto al fusil; nuestro marcado hincapié contra la especialización y la vanguardia; nuestro reiterado rechazo a la clandestinidad y la lógica guerrillera. No se trata de cuestiones semánticas y/o malentendidos teóricos, lo que está en juego y realmente preocupa a todos estos oportunistas, es el fin del inmovilismo, el término de la parálisis a la que habían condenado al anarquismo desde la derrota del anarcosindicalismo español. Por eso temen tanto la reactivación de la línea de acción conspirativa. Por eso tiemblan ante el sedicioso despertar de la Anarquía. Que volvamos a ser la peor pesadilla del sistema de dominación acarrea consecuencias para los inmovilistas: la extensión de la lucha subversiva encarna el fin del “anarquismo” de café, concluye el apoltronamiento  discursivo, finiquita la arqueología libertaria, extirpa la pose farsante y protagónica, erradica al pacifismo pusilánime  y destierra todo lo ajeno en nuestras tiendas. Esto sin duda explica el eco y el porqué se difunden con «gusto» las cobardes declaraciones de la F.A.I. de este lado del Atlántico.

La incapacidad de reacción auténticamente subversiva y la premeditada ausencia de balance crítico, ha llevado al anarcosindicalismo y al especifismo por la senda de la autocomplacencia ideológica, el inmovilismo y la decadencia, instituyéndose en una oposición simbólica –vergonzosamente apegada a la legalidad y acomodada a las reglas del juego impuestas por la dominación– que le permite vegetar miserablemente en la enajenación,  quedando reducida la acción a las declaratorias, los congresos y el turismo revolucionario.  El conservadurismo de buena parte de su militancia ha subyugado a la Anarquía, transformándola en un pasatiempo demagógico a merced de la ideología y la prolongación indefinida de la vida artificial de un “movimiento” exangüe sentenciado a la sempiterna simulación. Denunciar pertinaces las prácticas y propósitos antianarquistas del inmovilismo sindicalista y especificista es nuestra tarea inmediata, sólo así podremos lograr la superación de caducos diagramas de organización y acción que hoy obstruyen el paso a un nuevo paradigma que se edifica en este instante porque ya vive en nuestros corazones y se agiganta al grito: ¡Qué viva la Anarquía!

¡Un gran abrazo rabiosamente anárquico para los compañeros Mario López; Braulio Durán; Gabriel Pombo da Silva; Marco Camenisch; Luciano Pitronello; Henry Zegarrundo; Elisa Di Bernardo; Stefano Gabriele Fosco; Alessandro Settepani ; Giuseppe Lo Turco; Sergio Maria Stefani; Alberto Funaro; Inés Morasca; Marina Cugnaschi; Vincenzo Vecchi; Francesco Puglisi: Mihalis Nikolopoulos; Giorgos Nikolopoulos; Christos Tsakalos; Olga Ikonomidou; Damianos Bolano; Theofilos Mavropoulos; Gerasimos Tsakalos y demás hermanas y hermanos presos alrededor del mundo!

¡Un saludo entrañablemente solidario para la compañera Felicity Ryder y demás hermanos prófugos donde quiera que se encuentren!

       Gustavo Rodríguez

       San Luis Potosí, a 13 de julio de 2012


[1] Ver, María Moliner, Diccionario del uso del español, pág. 1603; Editorial Gredos, Madrid, 2007.
[2] Id.
[3] F.A.I., “Della lotta armata e di alcuni imbecilli /De la lucha armada y algunos imbéciles”, declaración de la Conferencia Nacional, disponible en: http://federazioneanarchica.org
[4] Ibídem.
[5] Quizás resulte enteramente obvio, pero digámoslo de todos modos para enfatizar posiciones: por “anarquismo especificista” entendemos una forma organizativa determinada  y la práctica que se corresponde con ella, concerniente a la organización específicamente anarquista. También forman parte del tronco especificista, las agrupaciones adscriptas a la vertiente habitualmente conocida como “plataformista” por su inspiración  en los postulados de la Plataforma Organizacional (originalmente redactada  en el lejano 1926 por Néstor Makhno, Piotr Arshinoff e Ida Mett ) y, una variación poco original de su definición básica, el inadvertido Manifiesto del Comunismo Libertario de Geoge Fontenis, que data del año 1953. Es de recordar, que tanto Bakunin como Malatesta hacían referencia a la formación de “partidos” anarquistas haciendo hincapié en la necesidad de organización específicamente ácrata; una denominación que ni por asombro se aproxima a los partidos con pretensiones de actuación electoral y parlamentaria y tampoco se refiere al tipo de formación jerárquica y regimentada que se asocia a la definición moderna del término “partido de vanguardia”, como pretendiera acuñarle la Federación Anarquista Uruguaya (F.A.U.) en el período 1963-1975. Por añadidura, cabría señalar que el período de prevalencia del “anarquismo especificista” se inicia precisamente a partir de la derrota del proyecto anarcosindicalista y el repliegue de dicho paradigma; sin embargo, debemos subrayar que las organizaciones específicas no  nacen exclusivamente después del descalabro del anarcosindicalismo español, aunque sí habrá de resultar evidente que su importancia será sistemáticamente redimensionada sólo luego y no antes de dicho acontecimiento. De cualquier manera, nos queda muy en claro que el período de prevalencia de las organizaciones específicas no corresponde en prácticamente ningún caso con la existencia de un paradigma anárquico, quedando inscrito en una etapa de repliegue y sobrevivencia, que apunta al mantenimiento de algunas referencias teóricas básicas pero ya en una atmosfera de dispersión y de ausencia de paradigmas claros y reproducibles. Época evidentemente hostil o, al menos, muy poco favorable que hemos denominado anarquismo en transición, en cuanto continúa albergando las referencias básicas de sus instancias fundacionales pero desaparece como amenaza material, como crítica arraigada en las condiciones materiales de las luchas concretas, para degenerar en ideología.

[6] F.A.I., Op cit.

Poner pie en la playa virgen, agitar lo maravilloso que duerme, sentir el soplo de lo desconocido, el estremecimiento de una forma nueva: he aquí lo necesario. Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale deformar que repetir. Antes destruir que copiar. Vengan los monstruos si son jóvenes. El mal es lo que vamos dejando a nuestras espaldas. La belleza es el misterio que nace.
Rafael Barret
 

 A propósito de imbecillis y otras ignominias recurrentes

Tal vez, haciendo gala del más rancio academicismo, su gran acervo cultural y su ilustrada noción lingüística, los firmantes de tamaña declaración pública, recurren  al vocablo “Imbecillis” con la intención de «llamar las cosas por su nombre», en un alarde de erudición etimológica sin precedentes en nuestras tiendas. Dada la etimología latina del término es muy probable que este sea el caso. De ser así, de antemano declaro improcedente esta respuesta y reconozco mi ineptitud ante la incuestionable capacidad semántica de los redactores de tal declaratoria.

Pese a la incertidumbre que aún genera la raíz real de este adjetivo, hoy no nos cabe duda que Imbecillis proviene de Imbecillus, palabra compuesta a partir del prefijo “in” o “im” (sin) –negativo, muy socorrido para crear adjetivos calificativos en latín, generalmente peyorativos, exaltando carencias (insanus, imbellis, imberbis, impar, informe, incapaz, invertebrado, etc.)–  y el vocablo bacillus (bastoncillo o bastón pequeño); por lo que en la etimología popular habitualmente se asocia el término Imbecillus con Im-bacillus o sine bacillus (sin bastoncillo) o Im-baculum o sine baculum (sin bastón), describiendo a aquella persona carente de sostén o soporte pese a la inminente falta o necesidad de apoyo para poder lograr un andar “normal”, de lo que se deduce una “incapacidad” o “debilidad” que le convierte en “minusválido” al “depender de los demás para poder moverse”. Este sería el uso que corrientemente le dieran  los romano parlantes y que explica su actual significado, fundamentado en el valor que se le asignara al vocablo “imbécil” en el francés del siglo XVII, quedando registrada la acepción de «débil mental» e incluso, se incorporaría el término al vocabulario clínico especificando su aplicación a «los débiles mentales cuyo desarrollo mental es el correspondiente a la edad comprendida entre los tres y los siete años[1]»; de tal modo, se emplearía despectivamente hacia las personas de poca inteligencia como sinónimo de «bobo, estúpido, idiota o tonto»[2].

Imbecillus, también despliega otra acepción mucho menos conocida partiendo de su asociación etimológica. Tanto el vocablo baculus (bastón) como su diminutivo (bacillus), no estaba imperiosamente relacionado en la antigua Roma a la necesidad de “apoyo” por incapacidad o debilidad. El bastón o bastoncillo simbolizaba también “bastón de mando”, cetro (del latín sceptrum, del griego skêptron) o báculo (del latín, bacûlum), que constituye una insignia de los emperadores, reyes, obispos, arzobispos y otros hombres de Poder; símbolo de autoridad (auctoritas) adquirida por “herencia divina”, poder, sensatez o experiencia. De lo que se desprende el uso del vocablo Imbecillis en el latín clásico como sinónimo de Intrepîdus (intrépido) o “irreflexivo”, “joven carente de vivencias”, “sin experiencia” o “sin autoridad”. Imbecilla aetas (edad débil/edad imbécil) es la expresión con que se describe la frescura y la intrepidez de la adolescencia y la juventud.

Por eso, mi superlativa sorpresa, al intuir la inminente sapiencia de estos insignes letrados –hijos adoptivos de la Acracia–, que tan atinadamente recurrían a esta acepción clásica para representar un anarquismo nuevo, cargado de arrojo y lozanía, que opta por el descubrimiento en lugar de la monotonía; que escoge deformar en vez de repetir; que prefiere destruir que copiar; que vive y no agoniza en letra muerta.

¡Pero NO! Estos “anarquistas” federados, recurren al vocablo imbecillis asignándole el valor de la acepción popular para referirse despectivamente a medio centenar de compañeros ANARQUISTAS presos en las oscuras mazmorras de varias prisiones italianas y a un nutrido grupo de compañeros encarcelados alrededor del mundo, condenados por darle vida a la Anarquía en Alemania, Bolivia, Chile, Estado español, Francia, Grecia, México, Suiza y otras regiones geográficas. De paso, descalifican también a todos aquellos compañeros que cotidianamente, con su irreductible accionar, confirman que la Anarquía es verbo y no sustantivo.

Bobos, estúpidos, idiotas, tontos e imbéciles, son los trillados adjetivos para designar a los indómitos de siempre que osan llevar a la práctica nuestra teoría.  “Ilegalistas”; “Provocadores”; “Infiltrados”; “Delincuentes”, “Superhéroes de caricatura”, también son los epítetos más recurrentes para descalificar a los refractarios que ponen énfasis en la correspondencia eufónica entre teoría y práctica, entre ideas y acción.

El victimismo, es otro de los más frecuentes  posicionamientos de la Federación Anarquista Italiana, insistiendo –hasta el cansancio ajeno– en que el accionar anárquico de los grupos informales «es funcional» para los intentos del sistema de dominación de involucrar a «todo el movimiento anarquista en un proceso de criminalización general […] embistiendo fuertemente a la Federación Anarquista Italiana»[3].

Sería interesante que nos proporcionaran la cifra de sus federados presos y nos compartieran –sólo como dato curioso– los detalles de esos “embates” que pretendidamente han sufrido, porque lo que sí nos queda en claro es el temor que les provoca que se ponga al descubierto su profunda vocación inmovilista, su conocida propensión a la ficción y la grandilocuencia discursiva que les caracteriza.

Todavía son tan cínicos que, alimentando la farsa de un complot “provocador”, se dan por ofendidos ante una propaganda “perversa” que «sostiene que gran parte del movimiento anarquista es simplemente un “anarquismo ideológico y cínico, vacío de cualquier aliento de vida […] que trabaja por el fortalecimiento de la democracia”»[4]. Y yo les pregunto a estos “anarquistas” federados ¿Acaso mienten los compañeros del núcleo “Olga”, cuando afirman lo anterior? Considero que no. Más bien, si de algo pecan estos compas es de omisión, reduciendo a unas cuantas líneas la larga lista de agravios perpetuados por esta “Federación Anarquista” enemiga de la Anarquía.

La Federazione Anarchica Italiana (F.A.I.) –la clásica y más antigua organización del anarquismo especificista[5] en la región–, como ya es costumbre desde el siglo pasado, vuelve a culpar de la feroz represión del Estado y de las obscenas maniobras de los medios de alienación masiva a los compañeros consecuentes con la praxis anárquica. Por si fuera poco, además se les incrimina por complicidad con la «oligarquía en el poder […] con el claro objetivo de lograr la unidad de todas las partes en defensa del Estado»[6]; emprendiendo una nueva campaña de tergiversación y confusión, acusando de prosélitos de la «lucha armada» a nuestros compañeros.

De más está entrar en distinciones, repitiendo por enésima ocasión las diferencias teórico-prácticas entre «lucha armada» y «vía armada». O exponer una vez más nuestra crítica puntual al culto al fusil; nuestro marcado hincapié contra la especialización y la vanguardia; nuestro reiterado rechazo a la clandestinidad y la lógica guerrillera. No se trata de cuestiones semánticas y/o malentendidos teóricos, lo que está en juego y realmente preocupa a todos estos oportunistas, es el fin del inmovilismo, el término de la parálisis a la que habían condenado al anarquismo desde la derrota del anarcosindicalismo español. Por eso temen tanto la reactivación de la línea de acción conspirativa. Por eso tiemblan ante el sedicioso despertar de la Anarquía. Que volvamos a ser la peor pesadilla del sistema de dominación acarrea consecuencias para los inmovilistas: la extensión de la lucha subversiva encarna el fin del “anarquismo” de café, concluye el apoltronamiento  discursivo, finiquita la arqueología libertaria, extirpa la pose farsante y protagónica, erradica al pacifismo pusilánime  y destierra todo lo ajeno en nuestras tiendas. Esto sin duda explica el eco y el porqué se difunden con «gusto» las cobardes declaraciones de la F.A.I. de este lado del Atlántico.

La incapacidad de reacción auténticamente subversiva y la premeditada ausencia de balance crítico, ha llevado al anarcosindicalismo y al especifismo por la senda de la autocomplacencia ideológica, el inmovilismo y la decadencia, instituyéndose en una oposición simbólica –vergonzosamente apegada a la legalidad y acomodada a las reglas del juego impuestas por la dominación– que le permite vegetar miserablemente en la enajenación,  quedando reducida la acción a las declaratorias, los congresos y el turismo revolucionario.  El conservadurismo de buena parte de su militancia ha subyugado a la Anarquía, transformándola en un pasatiempo demagógico a merced de la ideología y la prolongación indefinida de la vida artificial de un “movimiento” exangüe sentenciado a la sempiterna simulación. Denunciar pertinaces las prácticas y propósitos antianarquistas del inmovilismo sindicalista y especificista es nuestra tarea inmediata, sólo así podremos lograr la superación de caducos diagramas de organización y acción que hoy obstruyen el paso a un nuevo paradigma que se edifica en este instante porque ya vive en nuestros corazones y se agiganta al grito: ¡Qué viva la Anarquía!

¡Un gran abrazo rabiosamente anárquico para los compañeros Mario López; Braulio Durán; Gabriel Pombo da Silva; Marco Camenisch; Luciano Pitronello; Henry Zegarrundo; Elisa Di Bernardo; Stefano Gabriele Fosco; Alessandro Settepani ; Giuseppe Lo Turco; Sergio Maria Stefani; Alberto Funaro; Inés Morasca; Marina Cugnaschi; Vincenzo Vecchi; Francesco Puglisi: Mihalis Nikolopoulos; Giorgos Nikolopoulos; Christos Tsakalos; Olga Ikonomidou; Damianos Bolano; Theofilos Mavropoulos; Gerasimos Tsakalos y demás hermanas y hermanos presos alrededor del mundo!

¡Un saludo entrañablemente solidario para la compañera Felicity Ryder y demás hermanos prófugos donde quiera que se encuentren!

       Gustavo Rodríguez

       San Luis Potosí, a 13 de julio de 2012


[1] Ver, María Moliner, Diccionario del uso del español, pág. 1603; Editorial Gredos, Madrid, 2007.
[2] Id.
[3] F.A.I., “Della lotta armata e di alcuni imbecilli /De la lucha armada y algunos imbéciles”, declaración de la Conferencia Nacional, disponible en: http://federazioneanarchica.org
[4] Ibídem.
[5] Quizás resulte enteramente obvio, pero digámoslo de todos modos para enfatizar posiciones: por “anarquismo especificista” entendemos una forma organizativa determinada  y la práctica que se corresponde con ella, concerniente a la organización específicamente anarquista. También forman parte del tronco especificista, las agrupaciones adscriptas a la vertiente habitualmente conocida como “plataformista” por su inspiración  en los postulados de la Plataforma Organizacional (originalmente redactada  en el lejano 1926 por Néstor Makhno, Piotr Arshinoff e Ida Mett ) y, una variación poco original de su definición básica, el inadvertido Manifiesto del Comunismo Libertario de Geoge Fontenis, que data del año 1953. Es de recordar, que tanto Bakunin como Malatesta hacían referencia a la formación de “partidos” anarquistas haciendo hincapié en la necesidad de organización específicamente ácrata; una denominación que ni por asombro se aproxima a los partidos con pretensiones de actuación electoral y parlamentaria y tampoco se refiere al tipo de formación jerárquica y regimentada que se asocia a la definición moderna del término “partido de vanguardia”, como pretendiera acuñarle la Federación Anarquista Uruguaya (F.A.U.) en el período 1963-1975. Por añadidura, cabría señalar que el período de prevalencia del “anarquismo especificista” se inicia precisamente a partir de la derrota del proyecto anarcosindicalista y el repliegue de dicho paradigma; sin embargo, debemos subrayar que las organizaciones específicas no  nacen exclusivamente después del descalabro del anarcosindicalismo español, aunque sí habrá de resultar evidente que su importancia será sistemáticamente redimensionada sólo luego y no antes de dicho acontecimiento. De cualquier manera, nos queda muy en claro que el período de prevalencia de las organizaciones específicas no corresponde en prácticamente ningún caso con la existencia de un paradigma anárquico, quedando inscrito en una etapa de repliegue y sobrevivencia, que apunta al mantenimiento de algunas referencias teóricas básicas pero ya en una atmosfera de dispersión y de ausencia de paradigmas claros y reproducibles. Época evidentemente hostil o, al menos, muy poco favorable que hemos denominado anarquismo en transición, en cuanto continúa albergando las referencias básicas de sus instancias fundacionales pero desaparece como amenaza material, como crítica arraigada en las condiciones materiales de las luchas concretas, para degenerar en ideología.

[6] F.A.I., Op cit.

muy probable que este sea el caso. De ser así, de antemano declaro improcedente esta respuesta y reconozco mi ineptitud ante la incuestionable capacidad semántica de los redactores de tal declaratoria.

Pese a la incertidumbre que aún genera la raíz real de este adjetivo, hoy no nos cabe duda que Imbecillis proviene de Imbecillus, palabra compuesta a partir del prefijo “in” o “im” (sin) –negativo, muy socorrido para crear adjetivos calificativos en latín, generalmente peyorativos, exaltando carencias (insanus, imbellis, imberbis, impar, informe, incapaz, invertebrado, etc.)–  y el vocablo bacillus (bastoncillo o bastón pequeño); por lo que en la etimología popular habitualmente se asocia el término Imbecillus con Im-bacillus o sine bacillus (sin bastoncillo) o Im-baculum o sine baculum (sin bastón), describiendo a aquella persona carente de sostén o soporte pese a la inminente falta o necesidad de apoyo para poder lograr un andar “normal”, de lo que se deduce una “incapacidad” o “debilidad” que le convierte en “minusválido” al “depender de los demás para poder moverse”. Este sería el uso que corrientemente le dieran  los romano parlantes y que explica su actual significado, fundamentado en el valor que se le asignara al vocablo “imbécil” en el francés del siglo XVII, quedando registrada la acepción de «débil mental» e incluso, se incorporaría el término al vocabulario clínico especificando su aplicación a «los débiles mentales cuyo desarrollo mental es el correspondiente a la edad comprendida entre los tres y los siete años[1]»; de tal modo, se emplearía despectivamente hacia las personas de poca inteligencia como sinónimo de «bobo, estúpido, idiota o tonto»[2].

Imbecillus, también despliega otra acepción mucho menos conocida partiendo de su asociación etimológica. Tanto el vocablo baculus (bastón) como su diminutivo (bacillus), no estaba imperiosamente relacionado en la antigua Roma a la necesidad de “apoyo” por incapacidad o debilidad. El bastón o bastoncillo simbolizaba también “bastón de mando”, cetro (del latín sceptrum, del griego skêptron) o báculo (del latín, bacûlum), que constituye una insignia de los emperadores, reyes, obispos, arzobispos y otros hombres de Poder; símbolo de autoridad (auctoritas) adquirida por “herencia divina”, poder, sensatez o experiencia. De lo que se desprende el uso del vocablo Imbecillis en el latín clásico como sinónimo de Intrepîdus (intrépido) o “irreflexivo”, “joven carente de vivencias”, “sin experiencia” o “sin autoridad”. Imbecilla aetas (edad débil/edad imbécil) es la expresión con que se describe la frescura y la intrepidez de la adolescencia y la juventud.

Por eso, mi superlativa sorpresa, al intuir la inminente sapiencia de estos insignes letrados –hijos adoptivos de la Acracia–, que tan atinadamente recurrían a esta acepción clásica para representar un anarquismo nuevo, cargado de arrojo y lozanía, que opta por el descubrimiento en lugar de la monotonía; que escoge deformar en vez de repetir; que prefiere destruir que copiar; que vive y no agoniza en letra muerta.

¡Pero NO! Estos “anarquistas” federados, recurren al vocablo imbecillis asignándole el valor de la acepción popular para referirse despectivamente a medio centenar de compañeros ANARQUISTAS presos en las oscuras mazmorras de varias prisiones italianas y a un nutrido grupo de compañeros encarcelados alrededor del mundo, condenados por darle vida a la Anarquía en Alemania, Bolivia, Chile, Estado español, Francia, Grecia, México, Suiza y otras regiones geográficas. De paso, descalifican también a todos aquellos compañeros que cotidianamente, con su irreductible accionar, confirman que la Anarquía es verbo y no sustantivo.

Bobos, estúpidos, idiotas, tontos e imbéciles, son los trillados adjetivos para designar a los indómitos de siempre que osan llevar a la práctica nuestra teoría.  “Ilegalistas”; “Provocadores”; “Infiltrados”; “Delincuentes”, “Superhéroes de caricatura”, también son los epítetos más recurrentes para descalificar a los refractarios que ponen énfasis en la correspondencia eufónica entre teoría y práctica, entre ideas y acción.

El victimismo, es otro de los más frecuentes  posicionamientos de la Federación Anarquista Italiana, insistiendo –hasta el cansancio ajeno– en que el accionar anárquico de los grupos informales «es funcional» para los intentos del sistema de dominación de involucrar a «todo el movimiento anarquista en un proceso de criminalización general […] embistiendo fuertemente a la Federación Anarquista Italiana»[3].

Sería interesante que nos proporcionaran la cifra de sus federados presos y nos compartieran –sólo como dato curioso– los detalles de esos “embates” que pretendidamente han sufrido, porque lo que sí nos queda en claro es el temor que les provoca que se ponga al descubierto su profunda vocación inmovilista, su conocida propensión a la ficción y la grandilocuencia discursiva que les caracteriza.

Todavía son tan cínicos que, alimentando la farsa de un complot “provocador”, se dan por ofendidos ante una propaganda “perversa” que «sostiene que gran parte del movimiento anarquista es simplemente un “anarquismo ideológico y cínico, vacío de cualquier aliento de vida […] que trabaja por el fortalecimiento de la democracia”»[4]. Y yo les pregunto a estos “anarquistas” federados ¿Acaso mienten los compañeros del núcleo “Olga”, cuando afirman lo anterior? Considero que no. Más bien, si de algo pecan estos compas es de omisión, reduciendo a unas cuantas líneas la larga lista de agravios perpetuados por esta “Federación Anarquista” enemiga de la Anarquía.

La Federazione Anarchica Italiana (F.A.I.) –la clásica y más antigua organización del anarquismo especificista[5] en la región–, como ya es costumbre desde el siglo pasado, vuelve a culpar de la feroz represión del Estado y de las obscenas maniobras de los medios de alienación masiva a los compañeros consecuentes con la praxis anárquica. Por si fuera poco, además se les incrimina por complicidad con la «oligarquía en el poder […] con el claro objetivo de lograr la unidad de todas las partes en defensa del Estado»[6]; emprendiendo una nueva campaña de tergiversación y confusión, acusando de prosélitos de la «lucha armada» a nuestros compañeros.

De más está entrar en distinciones, repitiendo por enésima ocasión las diferencias teórico-prácticas entre «lucha armada» y «vía armada». O exponer una vez más nuestra crítica puntual al culto al fusil; nuestro marcado hincapié contra la especialización y la vanguardia; nuestro reiterado rechazo a la clandestinidad y la lógica guerrillera. No se trata de cuestiones semánticas y/o malentendidos teóricos, lo que está en juego y realmente preocupa a todos estos oportunistas, es el fin del inmovilismo, el término de la parálisis a la que habían condenado al anarquismo desde la derrota del anarcosindicalismo español. Por eso temen tanto la reactivación de la línea de acción conspirativa. Por eso tiemblan ante el sedicioso despertar de la Anarquía. Que volvamos a ser la peor pesadilla del sistema de dominación acarrea consecuencias para los inmovilistas: la extensión de la lucha subversiva encarna el fin del “anarquismo” de café, concluye el apoltronamiento  discursivo, finiquita la arqueología libertaria, extirpa la pose farsante y protagónica, erradica al pacifismo pusilánime  y destierra todo lo ajeno en nuestras tiendas. Esto sin duda explica el eco y el porqué se difunden con «gusto» las cobardes declaraciones de la F.A.I. de este lado del Atlántico.

La incapacidad de reacción auténticamente subversiva y la premeditada ausencia de balance crítico, ha llevado al anarcosindicalismo y al especifismo por la senda de la autocomplacencia ideológica, el inmovilismo y la decadencia, instituyéndose en una oposición simbólica –vergonzosamente apegada a la legalidad y acomodada a las reglas del juego impuestas por la dominación– que le permite vegetar miserablemente en la enajenación,  quedando reducida la acción a las declaratorias, los congresos y el turismo revolucionario.  El conservadurismo de buena parte de su militancia ha subyugado a la Anarquía, transformándola en un pasatiempo demagógico a merced de la ideología y la prolongación indefinida de la vida artificial de un “movimiento” exangüe sentenciado a la sempiterna simulación. Denunciar pertinaces las prácticas y propósitos antianarquistas del inmovilismo sindicalista y especificista es nuestra tarea inmediata, sólo así podremos lograr la superación de caducos diagramas de organización y acción que hoy obstruyen el paso a un nuevo paradigma que se edifica en este instante porque ya vive en nuestros corazones y se agiganta al grito: ¡Qué viva la Anarquía!

¡Un gran abrazo rabiosamente anárquico para los compañeros Mario López; Braulio Durán; Gabriel Pombo da Silva; Marco Camenisch; Luciano Pitronello; Henry Zegarrundo; Elisa Di Bernardo; Stefano Gabriele Fosco; Alessandro Settepani ; Giuseppe Lo Turco; Sergio Maria Stefani; Alberto Funaro; Inés Morasca; Marina Cugnaschi; Vincenzo Vecchi; Francesco Puglisi: Mihalis Nikolopoulos; Giorgos Nikolopoulos; Christos Tsakalos; Olga Ikonomidou; Damianos Bolano; Theofilos Mavropoulos; Gerasimos Tsakalos y demás hermanas y hermanos presos alrededor del mundo!

¡Un saludo entrañablemente solidario para la compañera Felicity Ryder y demás hermanos prófugos donde quiera que se encuentren!

       Gustavo Rodríguez

       San Luis Potosí, a 13 de julio de 2012


[1] Ver, María Moliner, Diccionario del uso del español, pág. 1603; Editorial Gredos, Madrid, 2007.
[2] Id.
[3] F.A.I., “Della lotta armata e di alcuni imbecilli /De la lucha armada y algunos imbéciles”, declaración de la Conferencia Nacional, disponible en: http://federazioneanarchica.org
[4] Ibídem.
[5] Quizás resulte enteramente obvio, pero digámoslo de todos modos para enfatizar posiciones: por “anarquismo especificista” entendemos una forma organizativa determinada  y la práctica que se corresponde con ella, concerniente a la organización específicamente anarquista. También forman parte del tronco especificista, las agrupaciones adscriptas a la vertiente habitualmente conocida como “plataformista” por su inspiración  en los postulados de la Plataforma Organizacional (originalmente redactada  en el lejano 1926 por Néstor Makhno, Piotr Arshinoff e Ida Mett ) y, una variación poco original de su definición básica, el inadvertido Manifiesto del Comunismo Libertario de Geoge Fontenis, que data del año 1953. Es de recordar, que tanto Bakunin como Malatesta hacían referencia a la formación de “partidos” anarquistas haciendo hincapié en la necesidad de organización específicamente ácrata; una denominación que ni por asombro se aproxima a los partidos con pretensiones de actuación electoral y parlamentaria y tampoco se refiere al tipo de formación jerárquica y regimentada que se asocia a la definición moderna del término “partido de vanguardia”, como pretendiera acuñarle la Federación Anarquista Uruguaya (F.A.U.) en el período 1963-1975. Por añadidura, cabría señalar que el período de prevalencia del “anarquismo especificista” se inicia precisamente a partir de la derrota del proyecto anarcosindicalista y el repliegue de dicho paradigma; sin embargo, debemos subrayar que las organizaciones específicas no  nacen exclusivamente después del descalabro del anarcosindicalismo español, aunque sí habrá de resultar evidente que su importancia será sistemáticamente redimensionada sólo luego y no antes de dicho acontecimiento. De cualquier manera, nos queda muy en claro que el período de prevalencia de las organizaciones específicas no corresponde en prácticamente ningún caso con la existencia de un paradigma anárquico, quedando inscrito en una etapa de repliegue y sobrevivencia, que apunta al mantenimiento de algunas referencias teóricas básicas pero ya en una atmosfera de dispersión y de ausencia de paradigmas claros y reproducibles. Época evidentemente hostil o, al menos, muy poco favorable que hemos denominado anarquismo en transición, en cuanto continúa albergando las referencias básicas de sus instancias fundacionales pero desaparece como amenaza material, como crítica arraigada en las condiciones materiales de las luchas concretas, para degenerar en ideología.

[6] F.A.I., Op cit.

muy probable que este sea el caso. De ser así, de antemano declaro improcedente esta respuesta y reconozco mi ineptitud ante la incuestionable capacidad semántica de los redactores de tal declaratoria.

Pese a la incertidumbre que aún genera la raíz real de este adjetivo, hoy no nos cabe duda que Imbecillis proviene de Imbecillus, palabra compuesta a partir del prefijo “in” o “im” (sin) –negativo, muy socorrido para crear adjetivos calificativos en latín, generalmente peyorativos, exaltando carencias (insanus, imbellis, imberbis, impar, informe, incapaz, invertebrado, etc.)–  y el vocablo bacillus (bastoncillo o bastón pequeño); por lo que en la etimología popular habitualmente se asocia el término Imbecillus con Im-bacillus o sine bacillus (sin bastoncillo) o Im-baculum o sine baculum (sin bastón), describiendo a aquella persona carente de sostén o soporte pese a la inminente falta o necesidad de apoyo para poder lograr un andar “normal”, de lo que se deduce una “incapacidad” o “debilidad” que le convierte en “minusválido” al “depender de los demás para poder moverse”. Este sería el uso que corrientemente le dieran  los romano parlantes y que explica su actual significado, fundamentado en el valor que se le asignara al vocablo “imbécil” en el francés del siglo XVII, quedando registrada la acepción de «débil mental» e incluso, se incorporaría el término al vocabulario clínico especificando su aplicación a «los débiles mentales cuyo desarrollo mental es el correspondiente a la edad comprendida entre los tres y los siete años[1]»; de tal modo, se emplearía despectivamente hacia las personas de poca inteligencia como sinónimo de «bobo, estúpido, idiota o tonto»[2].

Imbecillus, también despliega otra acepción mucho menos conocida partiendo de su asociación etimológica. Tanto el vocablo baculus (bastón) como su diminutivo (bacillus), no estaba imperiosamente relacionado en la antigua Roma a la necesidad de “apoyo” por incapacidad o debilidad. El bastón o bastoncillo simbolizaba también “bastón de mando”, cetro (del latín sceptrum, del griego skêptron) o báculo (del latín, bacûlum), que constituye una insignia de los emperadores, reyes, obispos, arzobispos y otros hombres de Poder; símbolo de autoridad (auctoritas) adquirida por “herencia divina”, poder, sensatez o experiencia. De lo que se desprende el uso del vocablo Imbecillis en el latín clásico como sinónimo de Intrepîdus (intrépido) o “irreflexivo”, “joven carente de vivencias”, “sin experiencia” o “sin autoridad”. Imbecilla aetas (edad débil/edad imbécil) es la expresión con que se describe la frescura y la intrepidez de la adolescencia y la juventud.

Por eso, mi superlativa sorpresa, al intuir la inminente sapiencia de estos insignes letrados –hijos adoptivos de la Acracia–, que tan atinadamente recurrían a esta acepción clásica para representar un anarquismo nuevo, cargado de arrojo y lozanía, que opta por el descubrimiento en lugar de la monotonía; que escoge deformar en vez de repetir; que prefiere destruir que copiar; que vive y no agoniza en letra muerta.

¡Pero NO! Estos “anarquistas” federados, recurren al vocablo imbecillis asignándole el valor de la acepción popular para referirse despectivamente a medio centenar de compañeros ANARQUISTAS presos en las oscuras mazmorras de varias prisiones italianas y a un nutrido grupo de compañeros encarcelados alrededor del mundo, condenados por darle vida a la Anarquía en Alemania, Bolivia, Chile, Estado español, Francia, Grecia, México, Suiza y otras regiones geográficas. De paso, descalifican también a todos aquellos compañeros que cotidianamente, con su irreductible accionar, confirman que la Anarquía es verbo y no sustantivo.

Bobos, estúpidos, idiotas, tontos e imbéciles, son los trillados adjetivos para designar a los indómitos de siempre que osan llevar a la práctica nuestra teoría.  “Ilegalistas”; “Provocadores”; “Infiltrados”; “Delincuentes”, “Superhéroes de caricatura”, también son los epítetos más recurrentes para descalificar a los refractarios que ponen énfasis en la correspondencia eufónica entre teoría y práctica, entre ideas y acción.

El victimismo, es otro de los más frecuentes  posicionamientos de la Federación Anarquista Italiana, insistiendo –hasta el cansancio ajeno– en que el accionar anárquico de los grupos informales «es funcional» para los intentos del sistema de dominación de involucrar a «todo el movimiento anarquista en un proceso de criminalización general […] embistiendo fuertemente a la Federación Anarquista Italiana»[3].

Sería interesante que nos proporcionaran la cifra de sus federados presos y nos compartieran –sólo como dato curioso– los detalles de esos “embates” que pretendidamente han sufrido, porque lo que sí nos queda en claro es el temor que les provoca que se ponga al descubierto su profunda vocación inmovilista, su conocida propensión a la ficción y la grandilocuencia discursiva que les caracteriza.

Todavía son tan cínicos que, alimentando la farsa de un complot “provocador”, se dan por ofendidos ante una propaganda “perversa” que «sostiene que gran parte del movimiento anarquista es simplemente un “anarquismo ideológico y cínico, vacío de cualquier aliento de vida […] que trabaja por el fortalecimiento de la democracia”»[4]. Y yo les pregunto a estos “anarquistas” federados ¿Acaso mienten los compañeros del núcleo “Olga”, cuando afirman lo anterior? Considero que no. Más bien, si de algo pecan estos compas es de omisión, reduciendo a unas cuantas líneas la larga lista de agravios perpetuados por esta “Federación Anarquista” enemiga de la Anarquía.

La Federazione Anarchica Italiana (F.A.I.) –la clásica y más antigua organización del anarquismo especificista[5] en la región–, como ya es costumbre desde el siglo pasado, vuelve a culpar de la feroz represión del Estado y de las obscenas maniobras de los medios de alienación masiva a los compañeros consecuentes con la praxis anárquica. Por si fuera poco, además se les incrimina por complicidad con la «oligarquía en el poder […] con el claro objetivo de lograr la unidad de todas las partes en defensa del Estado»[6]; emprendiendo una nueva campaña de tergiversación y confusión, acusando de prosélitos de la «lucha armada» a nuestros compañeros.

De más está entrar en distinciones, repitiendo por enésima ocasión las diferencias teórico-prácticas entre «lucha armada» y «vía armada». O exponer una vez más nuestra crítica puntual al culto al fusil; nuestro marcado hincapié contra la especialización y la vanguardia; nuestro reiterado rechazo a la clandestinidad y la lógica guerrillera. No se trata de cuestiones semánticas y/o malentendidos teóricos, lo que está en juego y realmente preocupa a todos estos oportunistas, es el fin del inmovilismo, el término de la parálisis a la que habían condenado al anarquismo desde la derrota del anarcosindicalismo español. Por eso temen tanto la reactivación de la línea de acción conspirativa. Por eso tiemblan ante el sedicioso despertar de la Anarquía. Que volvamos a ser la peor pesadilla del sistema de dominación acarrea consecuencias para los inmovilistas: la extensión de la lucha subversiva encarna el fin del “anarquismo” de café, concluye el apoltronamiento  discursivo, finiquita la arqueología libertaria, extirpa la pose farsante y protagónica, erradica al pacifismo pusilánime  y destierra todo lo ajeno en nuestras tiendas. Esto sin duda explica el eco y el porqué se difunden con «gusto» las cobardes declaraciones de la F.A.I. de este lado del Atlántico.

La incapacidad de reacción auténticamente subversiva y la premeditada ausencia de balance crítico, ha llevado al anarcosindicalismo y al especifismo por la senda de la autocomplacencia ideológica, el inmovilismo y la decadencia, instituyéndose en una oposición simbólica –vergonzosamente apegada a la legalidad y acomodada a las reglas del juego impuestas por la dominación– que le permite vegetar miserablemente en la enajenación,  quedando reducida la acción a las declaratorias, los congresos y el turismo revolucionario.  El conservadurismo de buena parte de su militancia ha subyugado a la Anarquía, transformándola en un pasatiempo demagógico a merced de la ideología y la prolongación indefinida de la vida artificial de un “movimiento” exangüe sentenciado a la sempiterna simulación. Denunciar pertinaces las prácticas y propósitos antianarquistas del inmovilismo sindicalista y especificista es nuestra tarea inmediata, sólo así podremos lograr la superación de caducos diagramas de organización y acción que hoy obstruyen el paso a un nuevo paradigma que se edifica en este instante porque ya vive en nuestros corazones y se agiganta al grito: ¡Qué viva la Anarquía!

¡Un gran abrazo rabiosamente anárquico para los compañeros Mario López; Braulio Durán; Gabriel Pombo da Silva; Marco Camenisch; Luciano Pitronello; Henry Zegarrundo; Elisa Di Bernardo; Stefano Gabriele Fosco; Alessandro Settepani ; Giuseppe Lo Turco; Sergio Maria Stefani; Alberto Funaro; Inés Morasca; Marina Cugnaschi; Vincenzo Vecchi; Francesco Puglisi: Mihalis Nikolopoulos; Giorgos Nikolopoulos; Christos Tsakalos; Olga Ikonomidou; Damianos Bolano; Theofilos Mavropoulos; Gerasimos Tsakalos y demás hermanas y hermanos presos alrededor del mundo!

¡Un saludo entrañablemente solidario para la compañera Felicity Ryder y demás hermanos prófugos donde quiera que se encuentren!

       Gustavo Rodríguez

       San Luis Potosí, a 13 de julio de 2012


[1] Ver, María Moliner, Diccionario del uso del español, pág. 1603; Editorial Gredos, Madrid, 2007.
[2] Id.
[3] F.A.I., “Della lotta armata e di alcuni imbecilli /De la lucha armada y algunos imbéciles”, declaración de la Conferencia Nacional, disponible en: http://federazioneanarchica.org
[4] Ibídem.
[5] Quizás resulte enteramente obvio, pero digámoslo de todos modos para enfatizar posiciones: por “anarquismo especificista” entendemos una forma organizativa determinada  y la práctica que se corresponde con ella, concerniente a la organización específicamente anarquista. También forman parte del tronco especificista, las agrupaciones adscriptas a la vertiente habitualmente conocida como “plataformista” por su inspiración  en los postulados de la Plataforma Organizacional (originalmente redactada  en el lejano 1926 por Néstor Makhno, Piotr Arshinoff e Ida Mett ) y, una variación poco original de su definición básica, el inadvertido Manifiesto del Comunismo Libertario de Geoge Fontenis, que data del año 1953. Es de recordar, que tanto Bakunin como Malatesta hacían referencia a la formación de “partidos” anarquistas haciendo hincapié en la necesidad de organización específicamente ácrata; una denominación que ni por asombro se aproxima a los partidos con pretensiones de actuación electoral y parlamentaria y tampoco se refiere al tipo de formación jerárquica y regimentada que se asocia a la definición moderna del término “partido de vanguardia”, como pretendiera acuñarle la Federación Anarquista Uruguaya (F.A.U.) en el período 1963-1975. Por añadidura, cabría señalar que el período de prevalencia del “anarquismo especificista” se inicia precisamente a partir de la derrota del proyecto anarcosindicalista y el repliegue de dicho paradigma; sin embargo, debemos subrayar que las organizaciones específicas no  nacen exclusivamente después del descalabro del anarcosindicalismo español, aunque sí habrá de resultar evidente que su importancia será sistemáticamente redimensionada sólo luego y no antes de dicho acontecimiento. De cualquier manera, nos queda muy en claro que el período de prevalencia de las organizaciones específicas no corresponde en prácticamente ningún caso con la existencia de un paradigma anárquico, quedando inscrito en una etapa de repliegue y sobrevivencia, que apunta al mantenimiento de algunas referencias teóricas básicas pero ya en una atmosfera de dispersión y de ausencia de paradigmas claros y reproducibles. Época evidentemente hostil o, al menos, muy poco favorable que hemos denominado anarquismo en transición, en cuanto continúa albergando las referencias básicas de sus instancias fundacionales pero desaparece como amenaza material, como crítica arraigada en las condiciones materiales de las luchas concretas, para degenerar en ideología.

[6] F.A.I., Op cit.

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